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LA INVERNADA

Es importante destacar que la invernada es el momento en que se unen dos ciclos productivos. Cuando esta concluyendo el ingreso de néctar en el verano el apicultor organizado debe comenzar a pensar y actuar en la temporada próxima: es el momento de revisar la calidad de sus reinas, controlar el estado sanitario de las colmenas antes de que sea demasiado tarde y por ultimo asegurar un buen nivel de reservas de manera de posponer al máximo la necesidad de la primera vuelta de alimentación en la primavera. Las abejas responden a los cambios de estación como lo hacen muchos animales. Es una época delicada para efectuar los controles otoñales pero hay que realizarlos pues de ello depende que lleguen a un exitoso desarrollo primaveral. En otoño las abejas se organizan y agrupan en el llamado racimo ó bola invernal que tiene como característica mantener a las abejas organizadas con buena temperatura y una correcta alimentación. Las abejas de invierno se diferencian de las de verano por una duración de vida mayor y un desarrollo diferente de ciertos órganos, como las glándulas faríngeas, mandibulares, salivales, cereras, de veneno, los tejidos del cuerpo graso y los ovarios.

Llegado el otoño podríamos decir que las colonias necesitan lo siguiente:

A) Cámara de cría simple: 12 a 15 Kg. de miel y 2 a 3 cuadros con polen

B) Cámara de cría doble: 20 a 25 Kg. de miel y 4 a 6 cuadros con polen.

C) Núcleo tardío: 5 a 7 Kg. de miel y 2 cuadros con polen.

Durante la revisación otoñal hay que ubicar los alimentos cercanos al racimo de abejas retirando los cuadros vacíos para evitar el desgaste que sufriría la abeja al ir a buscar el alimento de reserva. Si ubicamos los panales con miel en el alza de reserva, separados de la cámara de cría por la entretapa con el escape abierto, las abejas si hay baja temperatura podrían no llegar a moverse hasta la reserva e incluso llegar a morir de hambre, en realidad sucede que la mortandad se deberá al frío que no permitió que se alimentaran correctamente. Por ello recordar que los alimentos deben estar siempre en contacto con el racimo invernal. Si el alimento no es suficiente se lo hará en forma artificial con sustitutos y/o suplementos de miel y polen. Considerando la nutrición, la abeja de invierno acumula reservas, con un aumento del peso seco, del tenor de sus proteínas, grasas y azucares. También las glándulas faríngeas se mantienen desarrolladas pero sin actividad. Cambia los requerimientos nutritivos empleando casi exclusivamente azucares que le permitan mantener la temperatura del bolo invernal. Disminuye la actividad metabólica ya que la vida media de las proteínas es 4 veces mayor en las abejas de invierno que en las pecoreadoras de verano. El elevado contenido proteico del cuerpo de las abejas de invierno, junto a una disminución de sus tareas, logran aumentar el largo de su vida. Este contenido puede variar entre el 21% y 67% resultando determinante en la longevidad de las mismas.

Cuando la cantidad de proteína corporal es mayor del 40 % una abeja vive entre 45 y 50 días, si es inferior al 40% vive entre 20 y 26 días.

Si las colmenas reciben en la invernada una dieta rica en azúcares y pobre en proteínas disminuye el largo de la vida de las abejas. Esta despoblación a la salida del invierno se observa con frecuencia en aquellas colmenas que se trasladan a lugares con buen aporte de néctar y pobre en polen. Si se produce un corte de la cría en invierno el consumo de polen es mínimo pero si hay inviernos cálidos con reinas fecundadas a fin de temporada y con jarabes aportados en el invierno aumenta muchísimo el requerimiento de proteínas entonces recurren a las reservas corporales. A medida que se alargan los días se reanuda la cría, el polen es consumido en mayor cantidad continuándose así hasta principios de primavera. Cuando la longevidad de las abejas de invierno a sido apropiada y el ingreso de polen fresco no se hace esperar hay un buen recambio poblacional.

No siempre resulta sencillo determinar si una colmena tiene una adecuada provisión de polen en términos cuali y cuantitativos. La población de zánganos resulta el mejor indicador de la cantidad y calidad del polen disponible ya que ante una disminución de este alimento la colonia regula la cantidad de zánganos eliminándolos de la colmena.

CONTROL DE ESPACIOS

Es necesario reacondicionar los espacios frente a situaciones de reducción de población. A medida que avanza el invierno se deben controlar los espacios para tener una correcta ventilación y un buen control de humedad y temperatura (temperatura normal 35°C, humedad entre 40 y 60%). Este control de espacio se puede realizar con:

1) La entretapa: realiza una división horizontal entre dos cámaras superpuestas.

2) El diafragma: ó cuadro de chapadur: que realiza una división vertical.

3) El poncho: que por ser de un material flexible ( plástico) realiza una división vertical y horizontal (los ponchos de arpillera o de diario son más recomendables por ser permeables a la humedad).

Al usar un poncho o diafragma hay que cuidar dos condiciones importantes: la primera recordar que una colmena invernando es una unidad biológica indivisible y el poncho o diafragma nunca puede separar la colonia; la segunda que debe permitir la circulación de aire entre los cuadros y el techo (cuando es impermeable puede generar una barrera de humedad que al condensar gotea sobre los cuadros).

La piquera requiere de una ventilación moderada generando movimientos de aire por convección. Durante la noche el ingreso de aire fresco produce que la humedad interna se condense pero luego durante el día el ingreso de aire cálido genera un movimiento gaseoso que absorbe la humedad condensada y la normaliza en su circulación. Por ello la piquera debe estar en condiciones de recibir tanto el aire frío como el cálido.

Es ventajoso el uso de pinturas oleosas que protegen la madera pero permite la absorción de humedad. Este tipo de pinturas penetra en la madera contribuyendo al mantenimiento del material y formando una barrera menos proclive a la condensación ya que se produce en el interior de la madera sin producir goteos.

UBICACIÓN DE LAS COLMENAS EN LA INVERNADA

Las piqueras deben orientarse hacia el norte o nordeste (excepto que sea una zona donde los vientos predominantes se originen en esa dirección). Si en la zona hay vientos fuertes es conveniente no desyuyar completamente el apiario para lograr un freno de los vientos.

No conviene invernal bajo montes (sino no son de hojas caducas) y que las piqueras estén soleadas para que se produzca el efecto noche día.

De una buena invernada depende el estado con que una colmena enfrente la temporada reproductiva-productiva.

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